Volví al campo para buscar trabajo en mi ciudad natal, y vi a mi amiga de la infancia, Yang Nai Jam, por primera vez en mucho tiempo. Se había convertido en una otaku, una depravada que llevaba una vida indulgente, atiborrándose de dulces mientras veía retransmisiones en directo con los pechos al aire. Cuando volví a su habitación, la vi inmersa en la masturbación a solas. A partir de ese día, fui tratado como un consolador por esta degenerada cachonda, que no dejaba de proporcionarme placer sin fin...