Si adorar montañas hechas de carne (nalgas) te hace feliz, aquí encontrarás toda una vida de felicidad. Nos recibe la montaña sagrada de aceite y purpurina. Nos amasan, abofetean y estimulan al pie de la montaña (sus surcos) y la tierra (nalgas) tiembla involuntariamente. Las Diosas nos contemplan desde la ladera de la montaña, temblando entre la vergüenza y el placer. El pene se acaba de conectar. Parece que está dentro, pero no lo está. Sin embargo, las mujeres se retuercen de placer...